Es perversa, la niña
POESÍA
Carlos Rosas
1/16/2026
I
Hay una niña que me persigue
la encontré un día
entre libros
adosada en la ciencia de las hojas
y tras 44 años
sigue aquí
transfigurada en diosa
primitiva y mutante
exigiendo un tribuno diario.
II
Es perversa, la niña
me quitó lo más valioso:
la mujer amada
como nunca nadie
entregada a mí,
también me quitó la casa
y la vida,
me hizo su esclavo,
su adorador fiel.
III
No comprendo dónde radica su poder
milagros no hace
ni redime
ni es luz
ni es horizonte,
es solo un cuerpo
que al paso de los meses
se pudre, vulgar
como las flores de invernadero.
IV
¿Por qué tan poderosa su belleza?
¿Qué esconde,
la niña
ahí, antes de ser núbil?
¿Solo una imagen magnética?
¿Quién la hizo fetiche?
¿El púber caprichoso,
su deseo volcánico?,
¿el desamor, la ignorancia?
V
La diosa – cuerpo
aprisionó mi alma
y me convirtió en un pordiosero
lamiendo huellas
borradas al paso del agua
persiguiendo fragancias
tan volátiles
extenuado a cada hallazgo
vertido, desperdiciado…
VI
Son los hijos no nacidos
los que lloran por mí
- nadie reza -
he tirado el tesoro recibido
inconsciente
¿CAUSA PRIMERA, me perdonarás?
¡si siempre he sido un niño!
¡un adolescente entumecido!
horrorizado de la carne por venir.
VII
¿Quién te hizo diosa,
niña – cuerpo, quién?
he enfermado
persiguiendo tus quimeras,
he destruido
las horas y los días
soy ya un mendigo
harapos de un chiquillo aterrado
con los mandatos de su madre.
VIII
Te he pintado, cría
con tanto miedo
que no hay Afrodita
ni remedio
¿pero, yo te hice?
¡no puedo tocarte!
y mi corazón se desboca
cuando te veo
en cualquier camino.
IX
Conozco ya la raíz del horror
al monstruo entero
sediento de mi voluntad:
me pariste a la carne
- habitar este cuerpo -
me ofrendaste con tu miedo
a la locura de tu árbol
y lloriqueas tanto,
fingida mártir.
X
Inoculaste en mi sexo
tu miedo,
estigma.
Me sacaron de ti
con grandes aspavientos
- no quería nacer -
o fue tu secreto
mantenerte frígida
en gravidez perpetua.
¿Cómo habitar, entonces
mi cuerpo?
Es tan malo ser
carne desnuda
placer
tocarse, tanto dolor
«no crezcas, si me amas»
sentenciaste con cada golpe
sobre mi piel amoratada.
XI
«Venérame, soy una muñeca»
- caí de rodillas -
«juega a las comiditas».
¿Por qué me atas, madre
a tu destino maldecido?
o es que llegué con deudas
y ahora pago, tortura
masticando
el dulce envenenado
Ungiste, madre
mi inocencia con tu maldad
desde entonces
mis ojos son la distorsión
y la niña - cuerpo
de mi hermana muerta
la condena inmerecida:
cadáveres de tu beatitud.
¡Basta, esclavo!, ¡basta!
XII
¿Cuándo pedí este deseo?
¿Y los crímenes que guardo
en el armario de mi silencio?
¿De cuánto es la indemnización,
por jugar, tocar y sentir?
¿A quién cegué?
¿A quién heredé el daño?
¿Quién va a mirarme con furia?
¿De qué boca saldrá una maldición?
ORIGEN, INFINITO
¿qué me grita esta apetencia?,
¿por qué me aprisiona este duelo?,
¿qué se muestra que no veo y aprendo?
Soy tuyo, para ti, en ti
eterno continente,
¡ayúdame a vaciarme!
para llenarme, amplio,
con tu LUZ.
CR, enero de 2026
